Dislexia

Etimológicamente el término dislexia designa cualquier trastorno en la adquisición de la lectura.  Hoy en día se entiende la dislexia como un síndrome caracterizado por una dificultad para la distinción y memorización de letras o grupos de éstas, falta de orden y ritmo en la colocación, mala estructuración de la frase, etc., que se evidencia en la lectura y en la escritura. La dislexia se asocia a menudo con resultados no deseados, como menor nivel de estudios y la pérdida de confianza en sí mismo, ya que la lectura es esencial para todos los aspectos del aprendizaje.


La Federación Española de Disléxicos (FEDIS) http://www.fedis.org/  estima que entre un 10% y un 15% de la población española padece algún grado de esta disfunción. Aunque es cierto que en la actualidad existen mejores técnicas de diagnóstico y tratamiento y existe una mayor sensibilización, hay que tener en cuenta la existencia de factores (genéticos, neurológicos y cognitivos) que favorecen la aparición de estos problemas. Las características y valores que está tomando la sociedad actual, en la que lo que prima es la competencia así como el refuerzo inmediato, hace que cada vez los niños se enfrenten con mayor motivación y esfuerzo a los aprendizajes.

Base genética de la dislexia
Que la dificultad para leer pueda ser heredada es algo que se ha reconocido desde el los inicios del estudio de este trastorno. Dentro de las causas biológicas se pueden encontrar las teorías genéticas. La investigación centrada en los estudios familiares sugiere el carácter hereditario de la dislexia, mientras que otras investigaciones tratan de determinar los genes que estarían a la base de este problema (Serrano y Defior, 2004). Los datos epidemiológicos indican que el riesgo de tener un hijo disléxico se multiplica por ocho en el caso de un padre disléxico con respecto al de la población general que ronda el 5%, con una probabilidad de recurrencia fraterna del 40%.
En la actualidad se puede vincular la dislexia a cuatro genes que son candidatos de riesgo: DYX1C1, KIAA0319, DCDC2 y ROBO1. (Galaburda, et. al, 2006). Estos cuatro genes participan en el desarrollo cerebral, y las anomalías en su desarrollo constituyen los elementos conocidos del cuadro biológico que subyace a la dislexia. (Galaburda, et. al, 2006).  En animales experimentales, la inducción de anomalías del desarrollo cerebral similares produce problemas en el procesamiento de ciertos sonidos. En humanos, problemas de procesamiento de sonidos semejantes se asocian a un trastorno de aprendizaje de la lectura. Por consiguiente, es posible por primera vez, trazar una trayectoria tentativa entre una característica genética, variaciones del desarrollo del cerebro, y trastornos conductuales y cognitivos asociados a la dislexia.

Base neurológica de la dislexia
Los componentes del sistema funcional de la lectura, según el modelo neurolingüístico de  Hynd y Hynd, se hayan localizados en la corteza cerebral, generalmente en el hemisferio izquierdo. Estudios de neuroimagen han detectado anormalidades estructurales focales en los cerebros de los individuos con dislexia. (Expósito, 2002).
Un análisis morfológico mediante Resonancia Magnética del “Planum Temporale” (PT), localizado en la zona posterior del piso de la cisura silviana e implicada en la comprensión auditiva y el procesamiento fonológico, ha revelado que sólo el 10% de los niños disléxicos presenta su habitual asimetría interhemisférica, consistente en un PT mayor en el hemisferio izquierdo frente al derecho y obtenido en el 70% de la población general. (Expósito, 2002), aunque estos hallazgos no han sido replicados por otros estudios.
Algunos datos recientes han localizado algunas anomalías estructurales en áreas del cerebro que pueden estar más estrechamente relacionadas con la habilidad lectora que la región PT. Las personas con dislexia presentan anomalías en las áreas circundantes a la cisura de Silvio, reconocidas como sustrato del lenguaje, en forma de colecciones ectópicas y dislaminación de las capas corticales. (López-Tejeda et al., 2012).

 
 Base cognitiva de la dislexia
El procesamiento fonológico es tal vez el déficit más sólidamente avalado por evidencia científica actualmente disponible (Pugh et. al, 2001). Algunos autores han propuesto que el déficit fonológico y el trastorno lector son secundarios a pequeños defectos perceptivos en los sistemas sensoriales, visuales y auditivos (Expósito, 2002).
El déficit fonológico se basa en el hecho de que individuos disléxicos muestran dificultades en aquellas tareas que requieren para su ejecución el lograr una representación exacta de y/o manipular la estructura sonora de los estímulos del habla, como rimar, segmentar palabras en sus fonemas componentes, contar sílabas, leer pseudopalabras, etc. (Temple, 2001; Ramus, 2002). Se asume ampliamente que los déficits fonológicos son los causantes de las dificultades de lectura en la dislexia. Sin embargo, hay pruebas de que los problemas fonológicos y el deterioro de lectura surgen de una pobre decodificación visual. (Vidyasagar y Pammer, 2009).
Este punto de vista de la dislexia localiza el déficit central del sistema visual, y allana el camino para las nuevas estrategias para el diagnóstico y tratamiento tempranos.


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